Lo sabes,
aún serías incapaz de explicar,
lo sientes,
todavía no podrías decir cómo,
lo respiras,
siendo un algo ajeno e íntimo,
lo usas,
sin sentir al tacto el peso de lo tangible,
porque...
Ahí está,
observándote, paciente, amable, simple,
ahí, justo,
frente a los ojos cerrados que observan,
ahí, lo ves,
donde el miedo hace migas con la ignorancia,
ahí, tocando,
haciendo palpitar el momento sin sangre,
porque...
El tiempo
no perdona a los que derrochan
su regalo
y tú, y yo, en nuestra reflexiva intuición
pareciera,
lo es, no sabemos, no queremos, agradecer,
así que
puestos a derrochar inútilmente lo único,
perdemos.
Aunque... yo... aún quiero ganar. ¿Y tú?
Desde que tengo recuerdos, sabía garabatear letras y un primer poema cayó en mis manos, escribo versos. Sin formación, sin pretensión, sin intención, reflejando el momento y el lugar. Mi anhelo es dar alcance al lector, como si de aguijones a las emociones se tratasen.
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domingo 4 de diciembre de 2011
Reflexiva intuición
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